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Rete dei Comunisti
Hemos esperado el tiempo necesario para hacer todas las verificaciones antes de expresar públicamente nuestras valoraciones sobre el proceso contrarrevolucionario iniciado por la nueva dirigencia de la República Bolivariana de Venezuela.
Ya la dinámica del secuestro, en enero, del presidente venezolano Nicolás Maduro y de la compañera Cilia Flores por parte de los Estados Unidos había suscitado —y no solo entre nosotros— serios interrogantes.
El desarrollo de los acontecimientos y de las decisiones tomadas por la dirigencia encabezada por la vicepresidenta Delcy Rodríguez ha ido evidenciando cómo aquellas dudas se han visto confirmadas por los hechos, que muestran un verdadero proceso de liquidación de la experiencia revolucionaria y bolivariana de Venezuela, iniciada y construida por el compañero Chávez.
Lo que se presentaba como concesiones “tácticas” para evitar un conflicto claramente asimétrico con la potencia militar estadounidense, se ha revelado en cambio como una consciente capitulación política e ideológica en todos los frentes: desde el económico hasta la política internacional.
El precio de esta capitulación ya se podía leer en la inmunidad garantizada por la administración de EE. UU. a Delcy Rodríguez respecto a los procedimientos en curso en algunas cortes federales estadounidenses, que en cambio siguen manteniendo presos a Nicolás Maduro y a Cilia Flores.
El episodio que puso palabras definitivas al paso al campo enemigo fue el encuentro entre los dirigentes del PSUV —es decir, del partido de gobierno— con representantes de las autoridades israelíes.
Ese encuentro, en efecto, va más allá de las relaciones entre Estados y, por tanto, de los protocolos y relaciones diplomáticas que a veces contemplan incluso vínculos controvertidos.
Fue, pues, una decisión enteramente política del PSUV y de sus dirigentes. Pero fue una decisión precedida por los encuentros de los exponentes del PSUV en el gobierno, tanto con representantes de la administración estadounidense como con altos funcionarios políticos y militares israelíes.
Encuentros y relaciones a cambio de los cuales se liquidaba toda solidaridad con Cuba bajo asedio y toda gratitud hacia quienes sacrificaron a 32 de sus propios combatientes para proteger al presidente Maduro, o hacia quienes durante décadas proporcionaron médicos y maestros que dieron una contribución decisiva al desarrollo social del país.
Tener que presenciar este proceso contrarrevolucionario en un país que, junto con Cuba, había dado una contribución decisiva a la ola progresista en América Latina, al ALBA y a la hipótesis del Socialismo del Siglo XXI, es sin duda doloroso para miles de compañeras y compañeros, pero, lamentablemente, no es una novedad ni una sorpresa: es una confirmación del carácter siempre contradictorio del proceso histórico, incluidos los procesos revolucionarios en los que es débil la subjetividad que los orienta y los guía.
Es la confirmación de cómo los partidos-Estado y los partidos de masas, sin selección de cuadros, incorporan todas las contradicciones de la sociedad, incluidos el oportunismo, la corrupción, la disposición a la traición cuando cambian las condiciones. Lo hemos visto a caballo entre los años ochenta y noventa en Europa, y lo hemos visto en la propia América Latina en años recientes, en Ecuador, Bolivia y Perú.
Con esta nota ponemos fin a todo tipo de relación y confianza hacia los dirigentes venezolanos del gobierno y del PSUV, pero seguiremos manteniendo relaciones con todas aquellas compañeras y compañeros que en Venezuela mantienen una perspectiva revolucionaria en la línea del chavismo, empezando por los comités de los barrios populares, y volvemos a exigir la liberación del presidente Nicolás Maduro y de la compañera Cilia Flores.
Esperamos que los sectores sanos del país y de la sociedad encuentren pronto las ocasiones y la fuerza para detener y revertir el proceso contrarrevolucionario en Venezuela.
Rete dei Comunisti, julio de 2026

