Amazon: un modelo de opresión

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Rete nazionale Noi Restiamo (Noi Restiamo es una organización nacional de estudiantes y trabajadores jóvenes)

La logística, ya de por sí un sector estratégico dentro de la crisis sistémica en la que se encuentra el modo de producción capitalista, con el estallido de la pandemia ha visto incrementada aún más su centralidad a nivel global, en particular los gigantes del comercio electrónico, gracias al previsible aumento de las compras online y al fuerte empuje a la digitalización que la fase pandémica ha facilitado, han visto aumentar exponencialmente sus beneficios, Amazon sobre todo, llegando a triplicar en 2020 el beneficio neto y alcanzando los mayores beneficios de su historia.

El sector de la logística pesa especialmente en Italia debido a la posición que ocupa nuestro país en el proceso de reorganización productiva de la UE y la consiguiente desindustrialización de la misma: la crisis socioeconómica, dada por las repercusiones de las restricciones debidas a Covid, que ha recaído sobre los trabajadores, principalmente los de los sectores minoristas, ha reforzado en cambio la posición de Amazon en Italia, que este año ha abierto 1600 nuevos puestos de trabajo y ha anunciado la construcción de dos nuevos centros de clasificación

Casi todos los periódicos han acogido y relanzado la noticia con favor, callando los verdaderos costes sociales, que los jóvenes seremos los primeros en pagar, del modelo Amazon, basado en la privatización de la investigación tecnológica de vanguardia, especialmente en el campo de la automatización, que le permite ser hipercompetitivo en el mercado internacional, aumentando la productividad y recortando los costes laborales, en detrimento de las condiciones de los trabajadores y del impacto medioambiental; esto en el silencio de los sindicatos e instituciones concertadas.

Un ejemplo de ello es el reciente caso de los nuevos centros de clasificación, uno en la provincia de Módena, donde, a pesar de que la ley de urbanismo de la región de Emilia- Romaña habla de “consumo cero de suelo”, se ha aprobado la construcción de la planta por derogación; el otro en Novara, donde el centro está incluido en un plan de reordenación de una zona rural y boscosa.

En consonancia con la necesidad del mercado de tener una imagen verde, Amazon también ha puesto en marcha una serie de intervenciones para reducir su impacto medioambiental. De acuerdo con estas políticas, ambas fábricas se presentan como ecosostenibles: sin embargo, se habla de cero emisiones para el único almacén y no para todo lo que gira en torno a él. La noticia fue recogida con entusiasmo general por la prensa en los mismos días en que un estudio publicado en Lancet Planet Health 2021 clasifica a Brescia y Bérgamo, epicentro de la primera oleada pandémica, y a otras ciudades del valle del Po como los centros europeos con mayor número de muertes prematuras, o excesos, relacionados con la contaminación del aire, donde existe una gran capacidad de penetración del polvo fino en las vías respiratorias. En mayo se inició también en Italia un estudio epidemiológico sobre la correlación entre la contaminación atmosférica y el riesgo de infecciones de las vías respiratorias inferiores, coordinado por el Istituto Superiore di Sanità y el Sistema Nazionale per la Protezione dell’Ambiente.

La necesidad de seguir siendo competitivo y obtener beneficios choca inevitablemente con la protección del medio ambiente y la salud, y las declaraciones de Bezos sobre la reducción de las emisiones de CO2 en los próximos años no son más que una anodina operación de greenwashing.

Pero no podía ser de otra manera: soluciones como la economía verde o el concepto de desarrollo sostenible sólo abren nuevos mercados en los que impulsar la innovación tecnológica, ocultando la verdadera e irremediable contradicción entre la infinita reproducibilidad del capital y los límites físicos de la naturaleza, desplazando el problema de las causas a los efectos

El mismo tipo de sometimiento lo volvemos a ver en las posiciones de la CGIL en la mesa emprendida por Amazon para la negociación del nuevo contrato laboral, que provocó el éxodo de cuatrocientos trabajadores a USB: a las propuestas que contemplan la nulidad de la opción de trabajar en festivos y el aumento de la jornada laboral y la temporalidad del 30% al 50%, los sindicatos concertados, con la CGIL a la cabeza, no se opusieron, a pesar del claro empeoramiento de las condiciones de trabajo al que conducirán.

Pero lo que es un verdadero limbo de explotación y precariedad comienza con el sistema de cooperativas: Amazon, en lugar de contratar directamente la mano de obra, prefiere apoyarse en ellas, con el objetivo de librarse de las responsabilidades legales. La mayoría de estos trabajadores son contratados con contratos precarios de duración determinada de unos dos meses, que la mayoría de las veces no se renuevan, lo que crea una migración circular de trabajadores de una cooperativa a otra. Además, el trabajo de guardia, que permite un flujo constante de mano de obra, también es delegado por Amazon a las empresas de trabajo temporal, que a su vez están subordinadas a los intereses de la multinacional.

El impacto directo en las condiciones de trabajo de los trabajadores de la logística que tuvo el auge del crecimiento del comercio electrónico con el estallido de la pandemia y sus restricciones asociadas, en paralelo a la crisis del comercio minorista, se ha beneficiado reflexivamente de las oportunidades de reestructuración y experimentación en el trabajo aprovechadas por el capital en el momento de la crisis, como la aceleración en la digitalización o el trabajo inteligente, que han trasladado el consumo masivo dentro de las paredes del hogar, contribuyendo sistemáticamente a la atomización y las tendencias desintegradoras del cuerpo social.

No es de extrañar que estos procesos hayan sido acompañados por una narrativa de la clase política, apoyada por los principales medios de comunicación nacionales y locales, que, a partir del encierro, ha contado una realidad mistificada, centrada en la oportunidad del redescubrimiento de la dimensión doméstica, haciendo del hogar su oficina, biblioteca, el colegio, el gimnasio, el jardín, comprar todo lo que necesitas por internet y, gracias a los almacenes automatizados de Amazon, recibirlo cómodamente en casa al día siguiente, también gracias a la heroica labor de los repartidores, pintados como los nuevos carteros del barrio, olvidados sin embargo con el fin de la fase 1.

Esta retórica abiertamente clasista oculta otra realidad, y las luchas de los trabajadores de la logística desde marzo lo demuestran: la rapidez con la que Amazon es capaz de entregar sus productos deriva de los ritmos masacrantes a los que están sometidos los miles de trabajadores de la logística, de los que los repartidores son sólo el último eslabón de la cadena en el sistema de cooperativas; el algoritmo que hace que las propuestas del catálogo sean personalizadas, anticipando y generando los deseos y necesidades de cada cliente individual, no vive una vida propia, sino que es constantemente entrenado, corregido, mejorado por miles de trabajadores mal pagados.

También es gracias al abaratamiento de los costes laborales y al aumento de la productividad que Amazon puede ser tan competitivo en el mercado: un ejemplo de ello es el lanzamiento de la farmacia online en EE.UU. en plena crisis de la pandemia, que hace que quienes no tienen seguro médico puedan suscribirse a Amazon, que ofrece importantes descuentos en medicamentos, supliendo la falta de un estado de bienestar

La investigación tecnológica hacia la automatización, en la que Amazon está a la cabeza, sólo se orienta hacia el beneficio, en detrimento de los trabajadores, como se desprende de las máquinas ya introducidas en sus almacenes, capaces de señalar en tiempo real con una luz roja, amarilla o verde la productividad del único trabajador respecto a la media establecida; o de diversas patentes registradas, entre las que la más conocida es la de la pulsera electrónica, capaz de monitorizar y cronometrar los movimientos de los trabajadores, para agilizar la búsqueda de productos; pero tampoco faltan patentes registradas para almacenes subterráneos, submarinos o aéreos.

Pero el sistema de patentes no sólo garantiza enormes beneficios a los particulares, sino que expresa el punto más alto de la contradicción entre el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y las actuales relaciones de producción. La valorización de la inteligencia social con fines de competencia entre particulares acaba siendo un obstáculo para la satisfacción de las necesidades de la comunidad, que el desarrollo tecnológico alcanzado podría ofrecer.

Esta contradicción se hace evidente hoy en día con el desarrollo de la vacuna contra el Covid, pero que, dado el carácter estratégico de la innovación tecnológica en la competencia internacional, abarca todos los sectores, en particular, los de la comunicación y el conocimiento, creando una verdadera “economía del conocimiento”, donde ya no es posible pensar en este último como desvinculado del sector productivo. Esto genera un nuevo paradigma y, junto al tradicional, una nueva clase trabajadora, formada no sólo por los trabajadores de la logística, centrales en la distribución planetaria, sino también por los “trabajadores mentales”, de los que el conocimiento es un elemento esencial para mejorar la productividad y la competitividad.

Un sistema que encuentra su complementariedad en el modelo de educación superior, donde la gestión del conocimiento se ha subordinado a las prioridades del mercado, con la entrada de particulares en los sectores estratégicos de la formación y la investigación, y en este Amazonas no es una excepción

El modelo Amazon es el futuro cercano de nuestra generación

Una generación traicionada por una narrativa que se nos sigue alimentando en su doble cara: en las universidades, donde se nos educa en el valor de la competencia, y por el aparato mediático de masas, que nos bombardea con celebraciones de hermosas historias de logros individuales a través de la abnegación, el sacrificio y el trabajo duro, a pesar de que ahora es la propia realidad para dejar caer la máscara de la falsa meritocracia, que ha cubierto los experimentos que sobre nosotros se han hecho para el futuro mercado laboral por una clase política esclavizada a los intereses del capital: seremos nosotros los que contemos con futuros recortes de bienestar, con un mercado laboral aún más basado en la precariedad, el desempleo y un coste de vida cada vez más elevado.

Por eso las luchas de los trabajadores de la logística son también las nuestras: el repartidor explotado es víctima del mismo sistema que, a través del trabajo de guardia, incorpora la mano de obra de las nuevas generaciones, formando a los repartidores del futuro, los trabajadores precarios del mañana. Soldar las luchas entre generaciones, a través de prácticas de sindicalismo conflictivo y despojar al enemigo de clase de su ideología es necesario para luchar a todos los niveles contra un modelo que se basa en la explotación, la precariedad, la flexibilidad y que, en un momento en que los márgenes de redistribución se reducen, muestra su verdadero rostro, violento y voraz hacia las categorías más débiles.

A la crisis de civilización que estamos viviendo, el modelo Amazon es la respuesta del capital, la nuestra es la organización.

Publicado en: Boletín Internacional Abril 2021

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